El santuario, tanto si está dedicado a la Santísima Trinidad como a Cristo el Señor, a la Virgen, a los Ángeles, a los Santos o a los Beatos, es quizá el lugar donde las relaciones entre Liturgia y piedad popular son más frecuentes y evidentes. En estrecha relación con el santuario está la peregrinación, que también es una expresión muy difundida y característica de la piedad popular.

Con el nombre de santuario se designa una iglesia u otro lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles, con aprobación del Ordinario del lugar. El santuario tiene una función cultual de primer orden. Los fieles se acercan, sobre todo, para participar en las celebraciones litúrgicas y en los ejercicios de piedad que tiene lugar allí. En el santuario tienen especial importancia las celebraciones de los sacramentos, y su consideración como lugar de evangelización, de caridad, de cultura y de compromiso ecuménico.

La peregrinación, experiencia religiosa universal, es una expresión característica de la piedad popular, estrechamente vinculada al santuario, de cuya vida constituye un elemento indispensable: el peregrino necesita un santuario y el santuario requiere peregrinos. La Iglesia, dada la conformidad que existe entre la doctrina de Cristo y los valores espirituales de la peregrinación, no sólo ha considerado legítima esta forma de piedad, sino que la ha la peregrinación conserva en nuestro tiempo los elementos esenciales que determinan su espiritualidad: dimensión escatológica (camino); dimensión penitencial (camino de conversión); dimensión festiva (gozo); dimensión cultual (peregrinación como acto de culto); dimensión apostólica (evangelizadora); dimensión de comunión (comunidad).
La peregrinación es un camino de oración. En este camino son importantes las etapas: la partida, la llegada, la acogida en el santuario, la permanencia en el santuario y la conclusión de la peregrinación.
(Congregación Para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 2002, 260-287).