El Directorio sobre Piedad Popular y Liturgia aborda la piedad popular como una manifestación viva del Pueblo de Dios, definiendo sus valores, los riesgos de su desviación y los criterios teológicos indispensables para su renovación y adecuada integración en la vida cristiana.

Los valores de la piedad popular

La piedad popular nace de la presencia activa del Espíritu Santo en la Iglesia y surge del «feliz encuentro entre la evangelización y la cultura». Su punto de referencia es Cristo Salvador y su fin es la gloria de Dios. Transmite un fuerte sentido de lo sagrado y virtudes como la paciencia, la resignación cristiana, la caridad, la solidaridad y la devoción familiar.

La piedad popular es un importante vehículo de transmisión de la fe. Se transmite intergeneracionalmente y forma parte de la identidad cultural. Sirve como freno frente a las sectas y ha sido clave para conservar la fe donde la atención pastoral ha sido escasa.

Algunos peligros que pueden desviar la piedad popular

Como peligros que pueden amenazar la piedad popular cabe citar la ausencia de elementos centrales (como la Resurrección de Cristo), el culto desproporcionado a los santos por encima de Jesús, el poco contacto con la Biblia, el distanciamiento de los sacramentos, el utilitarismo, la búsqueda de lo espectacular y el riesgo de superstición o magia.

Frente a estos peligros, el Magisterio de nuestro tiempo repite con insistencia que se debe «evangelizar» la piedad popular, poniéndola en contacto con la palabra del Evangelio para que sea fecunda.

Los sujetos

Es sujeto de la piedad popular cada persona, en lo íntimo de su oración individual y en la oración comunitaria compartida. También es sujeto de la piedad popular la familia en cuanto santuario doméstico para prolongar el culto y la oración, la preparación a los sacramentos, la devoción y consagración al Corazón de Jesús, las varias formas de culto a la Virgen Santísima, la bendición de la mesa y las expresiones de la religiosidad popular.

También son sujeto igualmente importante de la piedad popular las cofradías y otras asociaciones piadosas de fieles. Entre sus fines institucionales, además del ejercicio de la caridad y del compromiso social, está el fomento del culto cristiano: de la Trinidad, de Cristo y sus misterios, de la Virgen María, de los Ángeles, los Santos, los Beatos, así como el sufragio por las almas de los fieles difuntos.

Con frecuencia las cofradías, además del calendario litúrgico, disponen de una especie de calendario propio, en el cual están indicadas las fiestas particulares, los oficios, las novenas, los septenarios, los triduos que se deben celebrar, los días penitenciales que se deben guardar y los días en los que se realizan las procesiones o las peregrinaciones, o en los que se deben hacer determinadas obras de misericordia. A veces tienen devocionarios propios y signos distintivos particulares, como escapularios, medallas, hábitos, cinturones e incluso lugares para el culto propio y cementerios.

La Iglesia reconoce a las cofradías y les confiere personalidad jurídica, aprueba sus estatutos y aprecia sus fines y sus actividades de culto. Sin embargo, les pide que, evitando toda forma de contraposición y aislamiento, estén integradas de manera adecuada en la vida parroquial y diocesana.

Los ejercicios de piedad

Los ejercicios de piedad son expresión característica de la piedad popular, los cuales, por otra parte, son muy diferentes entre sí tanto por su origen histórico como por su contenido, lenguaje, estilo, usos y destinatarios. El Concilio Vaticano II ha tenido en cuenta los ejercicios de piedad, ha recordado que están vivamente recomendados, indicando, además, las condiciones que garantizan su legitimidad y su validez.

La enseñanza de la Iglesia sobre la relación entre la Liturgia y los ejercicios de piedad se puede sintetizar en lo siguiente: la Liturgia, por naturaleza, es superior, con mucho, a los ejercicios de piedad, por lo cual en la praxis pastoral hay que dar a la Liturgia «el lugar preeminente que le corresponde respecto a los ejercicios de piedad»; Liturgia y ejercicios de piedad deben coexistir respetando la jerarquía de valores y a la naturaleza específica de ambas expresiones cultuales.

La Sede Apostólica indica los criterios teológicos, pastorales, históricos y literarios, conforme a los cuales se deben reformar -cuando sea preciso- los ejercicios de piedad:

  • Acentuar en ellos el espíritu bíblico, la inspiración litúrgica y el aspecto ecuménico.
  • Mostrar el núcleo esencial descubierto a través del estudio histórico y hacer que reflejen aspectos de la espiritualidad de nuestros días.
  • Tener en cuenta las conclusiones ya adquiridas por una sana antropología.
  • Respetar la cultura y el estilo de expresión del pueblo al que se dirigen, sin perder los elementos tradicionales arraigados en las costumbres populares.
(Congregación Para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 2002, 59-75).