Por piedad popular debemos entender «las diversas manifestaciones cultuales, de carácter privado o comunitario, que en el ámbito de la fe cristiana se expresan principalmente, no con los modos de la sagrada Liturgia, sino con las formas peculiares derivadas del genio de un pueblo o de una etnia y de su cultura»
Piedad popular y religiosidad popular
La religiosidad popular no tiene relación, necesariamente, con la revelación cristiana. Pero en muchas regiones, expresándose en una sociedad impregnada de diversas formas de elementos cristianos, da lugar a una especie de «catolicismo popular», en el cual coexisten, más o menos armónicamente, elementos provenientes del sentido religioso de la vida, de la cultura propia de un pueblo, de la revelación cristiana.
La piedad popular en los últimos Papas
La piedad popular en el Magisterio reciente de la Iglesia.
«En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo» (Francisco, Evangelii Gaudium, 126).
Los últimos Papas nos han ayudado a percibir el valor admirable de la piedad popular en la vida y misión de la Iglesia. Pablo VI recordaba que la piedad popular «refleja una sed de Dios que solo los pobres y sencillos pueden conocer».
Juan Pablo II definió la piedad popular como: «un verdadero tesoro del Pueblo de Dios. Es una demostración continua de la presencia activa del Espíritu Santo en la Iglesia» (Homilía durante la celebración de la Palabra en La Serena). En la Carta Vicesimus quintus annus (n. 18), conmemorativa de los 25 años de la Sacrosanctum concilium, Juan Pablo II se refería a la relación entre piedad popular y liturgia y a la importancia de actualizar esa relación tras el Concilio Vaticano II: «la piedad popular no puede ser ni ignorada, ni tratada con indiferencia o desprecio, porque es rica en valores y ya de por sí expresa la actitud religiosa ante Dios. Pero necesita ser continuamente evangelizada, para que la fe que expresa se convierta en un acto cada vez más maduro y auténtico».

