El culto de los Santos, en especial de los mártires, es un hecho eclesial antiquísimo. El influjo recíproco entre Liturgia y piedad popular resulta particularmente intenso en las manifestaciones de culto tributadas a los Santos y a los Beatos. Entre las formas con las que la Iglesia rinde culto a los Santos en la Liturgia cabe recordar: la celebración del día del Santo; la veneración de los Santos en la Eucaristía; el canto de las Letanías de los Santos o la veneración de las reliquias.

La veneración de las imágenes, sean pinturas, esculturas, bajorrelieves u otras representaciones, además de ser un hecho litúrgico significativo, constituyen un elemento relevante de la piedad popular: los fieles rezan ante ellas, tanto en las iglesias como en sus hogares.

Según la enseñanza de la Iglesia, las imágenes sagradas son:

Traducción iconográfica del mensaje evangélico

Signos santos que, como todos los signos litúrgicos, tienen a Cristo como último referente

Memoria de los hermanos Santos

Ayuda en la oración: la contemplación de las imágenes sagradas facilita la súplica y mueve a dar gloria a Dios por los prodigios de gracia realizados en sus Santos
Estímulo para su imitación
Una forma de catequesis
Es necesario, sobre todo, que los fieles adviertan que el culto cristiano de las imágenes es algo que dice relación a otra realidad. La imagen no se venera por ella misma, sino por lo que representa. Por eso alas imágenes «se les debe tributar el honor y la veneración debida, no porque se crea que en ellas hay cierta divinidad o poder que justifique este culto o porque se deba pedir alguna cosa a estas imágenes oponer en ellas la confianza, como hacían antiguamente los paganos, que ponían su esperanza en los ídolos, sino porque el honor que se les tributa se refiere a las personas que representan».

En sus formas genuinas, las procesiones son manifestaciones de la fe del pueblo, que tienen con frecuencia connotaciones culturales capaces de despertar el sentimiento religioso de los fieles. Pero desde el punto de vista de la fe cristiana, las «procesiones votivas de los Santos», como otros ejercicios de piedad, están expuestas a algunos riesgos y peligros: que prevalezcan las devociones sobre los sacramentos, que quedan relegados a un segundo lugar, y de las manifestaciones exteriores sobre las disposiciones interiores; el considerar las procesiones como el momento culminante de la fi esta; que se configure el cristianismo, a los ojos de los fi eles que carecen de una instrucción adecuada, como una «religión de Santos»; la degeneración de la misma procesión que, de testimonio de fe acaba convirtiéndose en mero espectáculo o en un acto folclórico.

(Congregación Para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 2002, 208-247).