La piedad popular a la Santísima Virgen, diversa en sus expresiones y profunda en sus causas, es un hecho eclesial relevante y universal. Los ejercicios de piedad marianos, aunque no todos del mismo modo y en la misma medida, deben:

Expresar la dimensión trinitaria que distingue y caracteriza el culto al Dios de la revelación neotestamentaria, el Padre, el Hijo y el Espíritu.
Recurrir de manera continua a la sagrada Escritura
Los ejercicios de piedad marianos se relacionan, casi todos, con una fiesta litúrgica presente en el Calendario general del Rito Romano, o en los calendarios particulares de las diócesis o familias religiosas.
Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María.
Precisamente porque es un momento culminante, la fi esta suele estar precedida y preparada por un triduo, septenario o novena. Estos «tiempos y modos de la piedad popular» se deben desarrollar en armonía con los «tiempos y modos de la Liturgia».
En el caso de la costumbre occidental de celebrar un «mes de María» en mayo, será oportuno tener en cuenta las exigencias de la Liturgia, las expectativas de los fieles, su maduración en la fe, y estudiar el problema que suponen los «meses de María» en el ámbito de la pastoral de conjunto de la Iglesia local.
Algunos de los ejercicios de piedad mariana recomendados por el Magisterio de la Iglesia son: la escucha orante de la Palabra de Dios; el rezo del Ángelus Domini; el rezo del Regina Coeli y del Rosario; el rezo de las Letanías de la Virgen; la consagración-entrega a María; el escapulario del Carmen y otros escapularios; el uso de las medallas marianas o el canto del Akathistos.
(Congregación Para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 2002, 183-207).