El Año Litúrgico Cristiano es el ciclo anual mediante el cual la Iglesia celebra y revive los principales acontecimientos de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, así como los misterios de la fe y el testimonio de la Virgen María y de los santos. Más que un calendario de celebraciones, es un auténtico camino espiritual que invita a los fieles a recorrer, año tras año, la historia de la salvación, profundizando en el Evangelio y renovando su encuentro con Dios.
A través de sus distintos tiempos litúrgicos —Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Pascua y Tiempo Ordinario—, el Año Litúrgico acompaña al cristiano en un itinerario de preparación, conversión, alegría, esperanza y crecimiento en la fe. Cada celebración ofrece la oportunidad de vivir el mensaje de Cristo de una manera siempre nueva, haciendo presente hoy el misterio de su amor y de su obra redentora.
El domingo
Tiempo de Adviento
Tiempo de Navidad
- Navidad
La piedad popular, precisamente porque intuye los valores que se esconden en el misterio de la Navidad, está llamada a cooperar para salvaguardar la memoria de la manifestación del Señor, de modo que la fuerte tradición religiosa vinculada a la Navidad no se convierta en terreno abonado para el consumismo ni para la infiltración del neopaganismo. - Fiesta de la Sagrada Familia
La fiesta de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, ofrece un ámbito celebrativo apropiado para el desarrollo de algunos ritos o momentos de oración, propios de la familia cristiana. - Los Santos Inocentes
En nuestros días los niños padecen todavía innumerables formas de violencia, que atentan contra su vida, dignidad, moralidad y derecho a la educación. Hay que tener presente en este día la innumerable multitud de niños no nacidos y asesinados al amparo de las leyes que permiten el aborto, un crimen abominable. La piedad popular, atenta a los problemas concretos, en no pocos lugares ha dado vida a manifestaciones de culto y a formas de caridad como la asistencia a las madres embarazadas, la adopción de los niños e impulsar su educación. - El 31 de diciembre
Este día se celebra, en la mayor parte de los países de Occidente, el final del año civil. La ocasión invita a los fieles a reflexionar sobre el «misterio del tiempo», que corre veloz e inexorable. Esto suscita en su espíritu un doble sentimiento: arrepentimiento y pesar por las culpas cometidas y por las ocasiones de gracia perdidas durante el año que llega a su fin; agradecimiento por los beneficios recibidos de Dios. - Solemnidad de santa María, Madre de Dios
La solemnidad del 1 de enero, eminentemente mariana, ofrece un espacio apto para el encuentro entre la piedad litúrgica y la piedad popular: la primera celebra este acontecimiento con las formas que le son propias; la segunda, si está formada de manera adecuada, no dejará de dar vida a expresiones de alabanza y felicitación a la Virgen por el nacimiento de su Hijo divino, y de profundizar en el contenido de tantas fórmulas de oración, comenzando por la que resulta tan entrañable a los fieles: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores». - Epifanía del Señor
En torno a la solemnidad de la Epifanía, que tiene un origen muy antiguo y un contenido muy rico, han nacido y se han desarrollado muchas tradiciones y expresiones genuinas de piedad popular. Entre ellas figura el intercambio de «regalos de Reyes». Es deseable que el intercambio de regalos con ocasión de la Epifanía mantenga un carácter religioso, muestre que su motivación última se encuentra en la narración evangélica: esto ayudará a convertir el regalo en una expresión de piedad cristiana y a sacarlo de los condicionamientos de lujo, ostentación y despilfarro, que son ajenos a sus orígenes. - Bautismo del Señor
La fiesta del 2 de febrero conserva un carácter popular. Sin embargo, es necesario que responda, verdaderamente, al sentido auténtico de la fiesta. No resultaría adecuado que la piedad popular, al celebrarla Presentación del Señor, se olvidase el contenido cristológico, que es el fundamental, para quedarse casi exclusivamente en los aspectos mariológicos; el hecho de que deba «ser considerada …como memoria simultánea del Hijo y de la Madre» no autoriza semejante cambio de la perspectiva; las velas, conservadas en los hogares, deben ser para los fieles un signo de Cristo «luz del mundo» y, por lo tanto, un motivo para expresar la fe.
Tiempo de Cuaresma
La divergencia existente entre la concepción litúrgica y la visión popular de la Cuaresma, no impide que el tiempo de los «Cuarenta días» sea un espacio propicio para una interacción fecunda entre Liturgia y piedad popular.
- Veneración de Cristo crucificado
La piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.
En las manifestaciones de devoción a Cristo crucificado, los elementos acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la ostensión y el beso de la cruz, la procesión y la bendición con la cruz, se combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces resultan preciosos por su contenido y por su forma. - La lectura de la Pasión del Señor
Durante el tiempo de Cuaresma, el amor a Cristo crucificado deberá llevar a la comunidad cristiana a preferir el miércoles y el viernes, sobre todo, para la lectura de la Pasión del Señor. Esta lectura, de gran sentido doctrinal, atrae la atención de los fi eles tanto por el contenido como por la estructura narrativa, y suscita en ellos sentimientos de auténtica piedad - El Vía Crucis
Entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis. Un desarrollo inteligente delVía Crucis, en el que se alternan de manera equilibrada: palabra, silencio, canto, movimiento procesional y parada meditativa, contribuye a que se obtengan los frutos espirituales de este ejercicio de piedad.
- El Vía Matris
La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen como un camino de fe y de dolor: camino articulado en siete «estaciones», que corresponden a los «siete dolores» de la Madre del Señor.
Semana Santa
Esta diferencia se debería reconducir a una correcta armonización entre las celebraciones litúrgicas y los ejercicios de piedad. En relación con la Semana Santa, el amor y el cuidado de las manifestaciones de piedad tradicionalmente estimadas por el pueblo debe llevar necesariamente a valorar las acciones litúrgicas, sostenidas ciertamente por los actos de piedad popular.
- Domingo de Ramos
La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual. - Jueves Santo
Es preciso iluminar a los fieles sobre el sentido de la reserva: realizada con austera solemnidad y ordenada esencialmente a la conservación del Cuerpo del Señor, para la comunión de los fieles en la Celebración litúrgica del Viernes Santo y para el Viático de los enfermos, es una invitación a la adoración, silenciosa y prolongada, del Sacramento admirable, instituido en este día. - Viernes Santo
En muchas regiones, durante la Semana Santa, sobre todo el Viernes, tienen lugar representaciones de la Pasión de Cristo. Se trata, frecuentemente, de verdaderas «representaciones sagradas», que con razón se pueden considerar un ejercicio de piedad. Las representaciones sagradas hunden sus raíces en la Liturgia.
Al planificar pastoralmente el Viernes Santo se deberá conceder el primer lugar y el máximo relieve a la celebración litúrgica, y se deberá explicar a los fieles que ningún ejercicio de piedad debe sustituir a esta celebración, en su valor objetivo. - Sábado Santo
La piedad popular no puede permanecer ajena al carácter particular del Sábado Santo; así pues, las costumbres y las tradiciones festivas vinculadas a este día, en el que durante una época se anticipaba la celebración pascual, se deben reservar para la noche y el día de Pascua.
Tiempo de Pascua
- Domingo de Pascua
También en el Domingo de Pascua, máxima solemnidad del año litúrgico, tienen lugar no pocas manifestaciones de la piedad popular: son, todas, expresiones cultuales que exaltan la nueva condición y la gloria de Cristo resucitado, así como su poder divino que brota de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte.
Entre los ejercicios de piedad que se relacionan con la Pascua se cuentan las tradicionales bendiciones de huevos, símbolos de vida, y la bendición de la mesa familiar; esta última, que es además una costumbre diaria de las familias cristianas, que se debe alentar, adquiere un significado particular en el día de Pascua: con el agua bendecida en la Vigilia Pascual, que los fieles llevan a sus hogares, según una loable costumbre, el cabeza de familia u otro miembro de la comunidad doméstica bendice la mesa pascual. Junto a ellas figuran la bendición anual de las familias en sus casas, el Vía Lucis, la devoción a la divina misericordia o la novena de Pentecostés. - Pentecostés
Exhortando a la oración y a la participación en la misión, el misterio de Pentecostés ilumina la piedad popular: también esta «es una demostración continua de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Éste enciende en los corazones la fe, la esperanza y el amor, virtudes excelentes que dan valor a la piedad cristiana. El mismo Espíritu ennoblece las numerosas y variadas formas de transmitir el mensaje cristiano según la cultura y las costumbres de cualquier lugar, en cualquier momento histórico».
Tiempo ordinario
- Solemnidad de la Santísima Trinidad
Son numerosos los ejercicios de piedad que tienen una impronta y una dimensión trinitaria. La mayor parte de ellos comienza con el signo de la cruz y «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo», la misma fórmula con la que son bautizados los discípulos de Jesús (cfr. Mt 28,19) y comienzan una vida de intimidad con Dios, como hijos del Padre, hermanos del Hijo encarnado, templos del Espíritu. Otros ejercicios de piedad emplean fórmulas similares a la actual Liturgia de las Horas, y comienzan dando «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo». Otros concluyen con la bendición impartida en el nombre de las tres Personas divinas. Y no son pocos los ejercicios de piedad cuyas oraciones, siguiendo el esquema característico de la oración litúrgica, se dirigen «al Padre por Cristo en el Espíritu» y presentan formulas doxológicas inspiradas en los textos litúrgicos. - Solemnidad del Corpus Christi
La piedad popular favoreció el proceso que instituyó la fi esta del Corpus Christi; a su vez, esta fue causa y motivo de la aparición de nuevas formas de piedad eucarística en el pueblo de Dios. Durante siglos, la celebración del Corpus Christi fue el principal punto de confluencia de la piedad popular a la Eucaristía.
La procesión de la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo es, por así decir, la «forma tipo» de las procesiones eucarísticas. Prolonga la celebración de la Eucaristía: inmediatamente después de la Misa, la Hostia que ha sido consagrada en dicha Misa se conduce fuera de la iglesia para que el pueblo cristiano» dé un testimonio público de fe y de veneración al Santísimo Sacramento». Los fieles comprenden y aman los valores que contiene la procesión del Corpus Christi: se sienten «Pueblo de Dios» que camina con su Señor, proclamando la fe en Él, que se ha hecho verdaderamente el «Dios con nosotros». - La adoración eucarística
La adoración del santísimo Sacramento, en la que confluyen formas litúrgicas y expresiones de piedad popular entre las que no es fácil establecer claramente los límites, puede realizarse de diversas maneras: la simple visita al santísimo Sacramento reservado en el sagrario; la adoración ante el santísimo Sacramento expuesto o la denominada Adoración perpetua o la de las Cuarenta Horas, que comprometen a toda una comunidad religiosa, a una asociación eucarística o a una comunidad parroquial, y dan ocasión a numerosas expresiones de piedad eucarística. - El sagrado Corazón de Jesús
La devoción al sagrado Corazón constituye una gran expresión histórica de la piedad de la Iglesia hacia Jesucristo, su esposo y señor; requiere una actitud de fondo, constituida por la conversión y la reparación, por el amor y la gratitud, por el empeño apostólico y la consagración a Cristo y a su obra de salvación. - El Corazón Inmaculado de María
Las expresiones de la piedad popular hacia el Corazón de María imitan, aunque salvando la infranqueable distancia entre el Hijo, verdadero Dios, y la Madre, sólo criatura, las del Corazón de Cristo: la consagración de cada uno de los fieles, de las familias, de las comunidades religiosas, de las naciones; la reparación, realizada sobre todo mediante la oración, la mortificación y las obras de misericordia; la práctica de los cinco primeros sábados de mes. - La preciosísima Sangre de Cristo
La veneración de la Sangre de Cristo ha pasado del culto litúrgico a la piedad popular, en la que tiene un amplio espacio y numerosas expresiones. Entre éstas hay que recordar: la Corona de la preciosa Sangre de Cristo; las Letanías de la Sangre de Cristo; la Hora de adoración a la preciosa Sangre de Cristo, y el Vía Sanguinis. - La Asunción de Santa María Virgen
La fiesta del 15 de agosto es muy apreciada en la piedad popular. En muchos lugares se considera que es la fi esta de la Virgen, por antonomasia: el «día de Santa María», como lo es la Inmaculada para España y para América Latina. - Semana de oración por la unidad de los cristianos
Dada la diversa sensibilidad de los «hermanos separados», también las expresiones de la piedad popular deben tener presente el criterio ecuménico. De hecho «la conversión del corazón y santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y con razón puede llamarse ecumenismo espiritual»
